entrevista a Antònia Vicens PARE QUÈ FEM AMB LA MARE MORTA a Diario de Mallorca (05.09.20)

Después de publicar ‘Tots els cavalls’ (2017), LaBreu Edicions brinda de nuevo al lector la fuerza y las
emociones más crudas y profundas que emanan de la poesía de la poeta de Santanyí. ‘Pare què fem amb la mare morta’ es un libro de poemas escritos antes de la pandemia, en los que se percibe la intuición de la autora.

“Hace tiempo que sé que la vida me puede aplastar en cualquier momento”, dice la Premio Nacional de Poesía

C.Pare què fem amb la mare morta es un poemario de imágenes muy duras.
A. Así me sale. Cuando escribes sale todo lo que no quieres que exista, lo negro que hay en el mundo. Lo empecé cuando acabé Tots els cavalls, en 2017. Cuando llegó la pandemia lo estaba revisando y parecía que ya intuía que venía todo esto.

C. Quizás la poesía también tenga algo que ver con la intuición.
A. Posiblemente. En este poemario también salen muchos vientres, y un año después de estar escribiendo supe que iba a ser abuela. Ahora la criatura ha cumplido 19 meses. Lo pasé muy mal hasta que no nació. Las personas estamos codo a codo con la muerte, más aún con esta pandemia. Me he preguntado muchas veces cómo me ha llegado este libro, estos poemas. Aunque a pesar de toda la oscuridad, considero que hay un trasfondo luminoso en estasm páginas. Se define de muchas maneras la poesía, pero yo no me atrevo a hacerlo. ¿Qué es el universo? Yo creo que la poesía existe, pero no tiene por qué ser quién la escribe. Está en el aire que respiramos.

C.¿Vive con miedo esta época?
A. Hace mucho tiempo que me ha abandonado el miedo. Vivo con respeto a lo que pueda pasar. Hace tiempo que sé que la vida me puede aplastar en cualquier momento, es algo de lo que he sido consciente casi toda mi vida. He conseguido cierta serenidad sabiendo que no somos nada.

C. La muerte es una de las ideas que flotan en el ambiente de estos poemas.
A. Más que la muerte, trato de plantear en qué momento empezamos a morir o en qué momento dejamos de estar vivos. La vida y la muerte se fusionan mucho. El primer poema acaba con dos puntos, a partir de ahí todo son voces, arrancan las palabras. Quería tratar la desolación a la que estamos
sometidos por no tener respuestas. Lo hago a través de ese padre, que me imagino con barba, mayor, y el niño, de menos de 10 años, que constantemente le hace preguntas. El padre nunca contesta, no dice ni una palabra en todo el libro.Nos sentimos desolados cuando no hay respuestas.

C.Usted siempre dice que no vuelve a sus novelas. ¿Tampoco vuelve a los poemas?
A. Tampoco. Ahora estoy revisando Quilòmetres de tul per a un petit cadàver, que reeditará Adia Edicions, y es una tortura. Además, un libro de poesía no se acaba nunca. Luego siempre piensas que podrías haber las cosas de otra manera. A veces hay que dejarlo ir. Y no vuelvo ahí. Cuando escribo también es una tortura, porque los poemas me agarran mentalmente y son ellos que no me dejan. Siempre buscando la palabra justa. Un poema no tiene sentido, las palabras tienen que ser sencillas, cotidianas, humildes. La lucha es encontrar esa palabra, que tenga tres dimensiones.

C. ¿Recuerda cuáles fueron los primeros poemas que leyó?
A. Admiróse un portugués al ver que en su tierna infancia todos los niños de Francia supieran hablar francés…Yo iba a las monjas franciscanas de Santanyí, no había clases de literatura, no eran maestras. Recuerdo haber leído esto en un libro. Ellas nos ayudaban a aprender a sumar, algo de ortografía, a ser sumisas.

C. ¿Le interesan los ambientes y circuitos literarios?
A. No, nunca me ha interesado. Yo me fui a trabajar a Cala d’Or a finales de los 60, donde había un movimiento de curas obreros que trabajaban. Me sentía como una escritora obrera, veía como abusaban de ellos, la explotación. Me interesaba escribir sobre esto y me olvidaba del mundo literario.

C. Con los años, ¿qué ha aprendido del dolor que no sabía cuando era joven?
A. No he aprendido nada. Las palabras me han decepcionado, puse sobre ellas toda mi fe, y sigo sin respuestas. Recuerdo que de pequeña iba de confesionario a confesionario a preguntar por el dolor, y me decían pregúntaselo a otro. Sigo igual. ¿Por qué el dolor? Hay mucho en el mundo. Entre las palabras y yo hay una pasión mal sana.

C. ¿Está escribiendo?
A. No. Acabé muy harta con este libro. Solamente estoy con la revisión de Quilòmetres de tul per a un
petit cadàver. Necesito limpiarme de imágenes, escuchar más música y leer menos libros. Las palabras también pueden ahogarte, y es necesario saber liberarte.

C. ¿Pasó, al menos, un buen confinamiento?
A. Vivo muy confinada. Pero percibí mucho sufrimiento y degradación y lo he vivido con angustia.

C. ¿Vivimos en un momento en el que es muy difícil discutir?

A. Vivimos momentos de mucha represión. Nos habíamos ilusionado y pensábamos que había libertad de expresión, libertad sexual… Los jóvenes, que no han tenido que luchar, no como las mujeres de mi generación, veían que todo era muy suave. Una democracia en la que todo el mundo podía estudiar, aunque fuera de una familia humilde. Es un engaño. Se ha demostrado que no hay libertad de expresión.

C. Y mientras, Juan Carlos I exiliado.

A. Y aún hay gente que le llama rey. Se ha ido a un lugar donde hay personas esclavizadas. ¿Monarquía, ¿para qué? Y sobre todo, ¿por qué la gente lo apoya? El pueblo no tiene nada que ver, no les importamos.

C. ¿El pueblo tiene poder?
A. El pueblo lo cree, pero lo que tiene es esperanza. Y no hay que perderla. La gente está muy acostumbrada a no pensar. Antes creían en la Iglesia y ahora en los partidos políticos o los equipos de futbol. Falta personalidad.

 

Clàudia Darder, Diario de Mallorca (05.09.20)

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