sobre la traducció de Jordi Vintró de “Nouvelles Impressions d’Afrique” de Raymond Roussel a la revista El Trujamán

El Trujamán. Revista diaria de traducción

Hincarle el diente a Raymond Roussel

Por Ramon Lladó

El poeta y escritor oulipiano Jordi Vintró ha cometido un atrevimiento mayúsculo. El de hincarle el diente nada menos que a las Nouvelles Impressions d’Afrique de Raymond Roussel. Y acaba de hacerlo con el mayor desparpajo posible. Que no se entienda el término como falta de respeto al texto ni mucho menos como falta de rigor. Al contrario, lo que tratamos de decir es que la versión catalana de las Nouvelles Impressions, publicada merced a los desvelos de la editora LaBreu, consigue hacerle frente a la prodigiosa poética de Roussel, situándose a su misma altura. En realidad, esta abracadabrante y postrera aventura del «gran magnetizador de los tiempos modernos» —como definió André Breton a Roussel— jamás traducida hasta ahora a ninguna de las lenguas hispánicas, es junto a La Doublure y La vue, un texto no sujeto al famoso «procedimiento» que consiste en usar la homofonía y la homonimia como formas de generación narrativa. La ambiciosa iniciativa de Vintró, secundada por la exquisita presentación del volumen, debe ser saludada sin vacilaciones como un acontecimiento literario.

La narrativa de Roussel, así como también su poesía, pertenecen esencialmente a una literatura de invención pura. Pero esa invención debe entenderse como la afirmación empírica constante de que la literatura pone en escena nada más —y nada menos— que el propio lenguaje. Los procedimientos rousselianos, puesto que habría que hablar en plural de sus distintas formas de generación inventiva, aspiran a una suerte de absoluto de la escritura. Pero al mismo tiempo se ven asistidos, en el sentido que Duchamp daba al término «asistir» en los célebres ready madeassistés, por un sistema de trabas y dispositivos constructivos o de desencadenamientos. En Noves Impressions d’Africa las trabas son acaso menos aparentes o tal vez sencillamente no hemos sabido dar con su secreto. Michel Foucault interpretó los famosos paréntesis de Nouvelles Impressions como la «medida infinita de la distancia que va de la mirada a lo que es visto». En cualquier caso, el libro, dividido en cuatro Cantos, explora, eso sí, dos nuevas variantes del poema: el «poema-digresión» y el «poema-nota». Ambas formas derivadas interfieren en el desarrollo del plan narrativo principal, ampliándolo e imbricándose sin confundirse con él, y van enriqueciéndose con isotopías nuevas. Así se abre ante el lector una ventana por la que se vislumbra el comentario infinito.

La proliferación y la extrañeza de esos universos donde, a partir de unos mecanismos de representación centrados en los distintos avatares de la visión y los aparatos ópticos, conviven las gestas militares de los cruzados en tierras de Egipto y Palestina, pasando por las huestes coloniales de Napoleón, hasta llegar a los prodigios vernianos de la ciencia y la civilización modernas, no es menor ni menos hiperbólica que en las ya citadas, de las que poseemos versiones meritorias tanto al catalán como al castellano. Pero la extrema dificultad de la traducción que acomete Vintró, aparte de otras muchas cualidades que el espacio de esta nota no permite desarrollar, se debe al propio carácter del verso rousseliano, minucioso y preciso hasta la extenuación. Por consiguiente, la estrategia privilegiada de la traducción poética, la perífrasis, se revela estéril. El traductor deberá desentrañar el sentido y la configuración de los versos tomando la senda más compleja y ardua de la metonimia y sugerir, mediante un tejido de nuevas asociaciones, el entramado semántico del original.

El extraordinario desafío de Jordi Vintró, que se cierra con un generoso aparato de notas al que se añade el uso de los distintos colores inicialmente previstos así como la inclusión de las ilustraciones originales que el autor encargó especialmente, no sólo rinde homenaje a los 1276 versos de Roussel, que a menudo nos recuerdan, por su cadencia y musicalidad, a los de su admirado Jean Racine, alumbrando unos versos catalanes de extraordinaria eficacia, sino que el tributo se extiende a la propia actividad de traducir, cuyo más noble designio es en cierto modo el de hacer menos extraño lo extranjero.

Rousselmitjana

El Trujamán ( maig 2014)

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